Ejemplo de autobiografia

Publicado por Los ensayos – January 29, 2013

Muchas veces en el mundo académico nos piden realizar una autobiografía con el propósito de mejorar nuestra competencia redactora. Esto, de paso, es un buen pretexto para hacer un acto de interiorización, de ver al pasado y, aunque parezca increible, hacer un acto -aunque mínimo- de autoconocimiento.


¿Qué es una autobiografía?

Ejemplo de autobiografiaLa biografía, etimológicamente proviene de las raíces “bio” y “grafía”, que significan “vida” y “escritura”. Es decir, una biografía es la escritura de la vida. No obstante, en la autobiografía el prefijo “auto” le confiere la signficación “para sí mismo” o “de sí mismo”. Es decir, una autobiografía es el relato de nuestra propia vida.

¿Que tiempo utilizar en la autobiografía?

Podemos utilizar algunas de las formas de pretérito. Por ejemplo: “viví”, “vivía”, “tuve”, “tenía”. Cuando se escribe la autobiografía en tercera persona se puede utilizar el tiempo futuro, por ejemplo: “Luego de la muerte de su abuela materna tendrá que trasladarse a la ciudad, donde comenzará sus estudios secundarios”.

¿Primera persona o tercera persona?

Es válido tanto la primera como la tercera persona. Sin embargo, si es para realizar una tarea de colegio y si no hay un dominio continuo del tiempo y de la persona en que la autobiografía es narrada, lo más recomendable es hacerla en primera persona y en tiempo pasado.

¿Qué información tiene una autobiografía?

Quién es usted, origen, genealogía, su forma de ser, hábitos y costumbres, actitudes, habilidades y desempeños; deseos y necesidades. Una buena forma de esctructurarla es: Nombre, fecha de nacimiento, ciudad y país. Profesión, genealogía (nombre de madre, padre, hermanos, abuelos, etc.), infancia, juventud, edad adulta, reconocimientos, etc.

Ejemplo de autobiografia

Este es un ejemplo de como elaborar una biografía de uno mismo (autobiografia), está bastante completa, y se puede complementar o cambiar los datos necesarios.

Mi nombre es XXX, nací en el mes de XXX del año XXX en la ciudad de XXX. Hijo mayor/menor/segundo, tercero, etc. de xxx hijos. Viví de pequeño con juntos hasta la edad de los dos años cuando, por diversas circunstancias optaron por la separación. A partir de ese momento mamá adquirió la patria potestad sobre nosotros dos y nos mudamos a un barrio más modesto, a casa de mis abuelos paternos.

(Imposible olvidar esa casa a la vera de una avenida ancha, tupida de cemento y de niños que salen a jugar, de mujeres que llegan de trabajar, del panadero de la esquina, de las chocolatinas a 15 pesos, de los vecinos que conviven en arriendo).

A la  edad de 6 años inicié la primaria en la escuela República de Israel (no recuerdo mi desempeño académico). Creo que los inicios siempre me han sido un poco dificultosos y abstrusos. No importa; no obstante, descolla un carácter tímido y un niño algo aislado y callado, penoso. Por esos días la economía de mamá no andaba del todo bien (no es fácil para una madre que trabaja como operaria y que, en el mejor de los casos apenas si logra devengar ingresos superiores al mínimo –aún cuando se tiene la ayuda, no exigua, pero tampoco prolífera, de papá) y, de mutuo acuerdo y por conveniencia para ambas partes  [ejemplo de autobiografia], se decidió que yo me trasladaría al lugar donde residían mis abuelos maternos (a partir de ahora mis abuelos, dado que no conozco, no he conocido a mis abuelos paternos, en parte por la distalidad que siempre ha habido entre mi papá y nosotros, en parte por la distancia física). Por conveniencia para ambas partes porque, por un lado se coadyuvaba a menguar la carga económica para mi mamá, y, por otro, los abuelos –sobre todo la abuela– se mostraba más feliz que ninguna dado que argüía que sería una compañía ideal para ellos (ellos… padres de 12 hijos, criados en un contexto y en un territorio de familias numerosas que, por contraposición estaban solos, en la finca).

Cómo olvidar esas tardes tupidas del azul del cielo, el olor fresco de madera fresca, hasta el olor de del prado que parece crecer hasta el infinito, los sembradíos (sobre todo cuando se llegaba el mes de diciembre y, entonces, con él llegaban las cosechas y hay muchas manos recogiendo el maíz endurecido y en sazón, claro, también sudor, y botas, y bebida, y calor, y mucho trabajo. Y luego, después de esto, la recompensa. Cómo olvidar ese olor de pan recién amasado, recién hecho, recién horneado. Y después el arado, los bueyes que pasan trepanando la tierra para un nuevo sembradío. Es enero. Por supuesto, también el tiempo en que se va a la escuela.

En el año de 1989 inicié mi segundo grado de la educación básica primaria. Eran todavía los tiempos de los profesores estrictos, de campo, de tradición, criados de manera fuerte. Son estrictos, pero realmente no soy un mal alumno, de modo que no sufro ni se me infligen castigos por malas calificaciones. La abuela también estricta, pero también se evidencia su cariño, su preferencia. De regreso a la casa ayudo en las labores domesticas, aprendo a encorralar los terneros, acompaño a cortar madera, a transportarla, en fin, sirvo para el propósito para el cual, en alguna manera, fui trasladado. El tiempo pasa. Uno se acostumbra a respirar ese aire, a acompañar al abuelo a la misa, a la ineludible misa dominical en que se hace un recorrido a pie de aproximadamente una hora, hasta el pueblo. Es un municipio en la mitad de montañas muy fructíferas, vecino de Gachetá y el eventualmente nombrado Gachalá (eventualmente por la represa del Guavio que queda a pocos metros del pueblo y en la que llevan a cabo el festival náutico nacional). Es Uabalá y de vez en vez recorremos un camino empinada luego de ir a misa y de hacer el mercado. Y así poco a poco hasta comenzar a querer el campo, hasta el punto de extrañarlo después de tanto tiempo, cuando ya he vuelto a la ciudad, a esta selva del cemento y del humo y del ruido y de los avisos publicitarios por doquiera, llena de pitos, de multitudes que parecen ir al azar, tan cerca unos de otros y, a un tiempo, tan distantes.

Terminé mis estudios de básica primaria en el año de 1992 y, de inmediato volví a la ciudad de Bogotá para proseguir con mi formación académica. Ingresé en el colegio [nombre], y, de nuevo, en principio la adaptación me costó bastante (era lógico, después de haber estado cuatro años viviendo en un ambiente bucólico donde la vida es tan diferente, donde no se ven tantas gente y de forma tan apiñada, donde todos se conocen y todos se saludan a un ambiente donde nadie conoce a nadie y menos lo saluda). En fin, mis calificaciones en principio fueron deplorables (o quizás no tanto, término medio y con una materia perdida), sin embargo, a partir del segundo trimestre y hasta el cuarto ya las cosas fueron muy diferentes, de modo que ocupe en cada uno de ellos el primer puesto del curso (en el fondo, esto es anodino. No se trata de las grandes capacidades físicas o intelectuales, sino de las decisiones que tomamos. Eso es lo que diferencia al hombre grande y al ignorado, al exitoso y al fracasado. Nuestro éxito no estriba en las capacidades físicas o intelectuales que tengamos, sino de las decisiones que tomemos).

Creo que no volví a ocupar el primer lugar, pero también tampoco tuve uno peor fuera del tercero. Quizás también las cosas son de dedicación, y también a veces de tiempo. Estando en grado décimo, y ya fuera de la medibilidad del rendimiento académico mediante números, ya no teniendo ningún parámetro equivoco que diera la falsa sensación de ser el más pilo o el más inteligente, fui favorecido con una beca para el grado once (vieja recompensa por mis buenos resultados de un inicio. El profesor de sociales, Félix, que fue el coordinador de curso cuando yo había apenas sexto grado, para ese entonces se convirtió en el jefe académico, o algo similar, y él más que nadie supo del resultado de esos tres trimestres; juzgó entonces que yo era la persona más idónea para ser favorecida con ello. Yo debo reconocer que no era el mejor estudiante –quizás todo es cuestión de dedicación–. Y no sé por qué pero en las pruebas del icfes los compañeros de curso estaban pendientes de mi resultado y hasta pensaban que podría ser el mejor icfes del colegio. Y vaya, llegado el día, ese resultado que, a mi modo de ver fue un desastre, claro, no logró ser el mejor del colegio, y estuvo lejos de serlo, pero sí fue el mejor del curso. Debo reconocer que ya, no que me parezca irrelevante, pero si me parece que una nota es lo de menos. Se trata de lo que eres como persona, de las metas que te tratas, de tu proyecto de vida… de las decisiones que tomas. En la vida hay genios viviendo en la miseria, así como hay gentes que, de soslayo parecería que no tendrían gran éxito, con ese éxito que uno les veía esquivo, quizás lejano. Hay que aprender a no juzgar.

Mis pasiones: escribir, pintar, investigar, estar en movimiento, caminar, inquirir, descansar, dormir, etc.

Hasta aquí el ejemplo de autobiografía, por supuesto, se trata de algo sencillo. La estrucutura puede ser ampliamente mejor y, al final, describir nuestra situación actual. Por ejemplo: En la actualidad me desempeño como jefe de …, o cosas así.


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